Pedaleando los 7 lagos.

Montañas que besan las nubes, lagos donde el agua se confunde con el azul del cielo, bosques de cuento y un entorno tan amigable que invita al disfrute pleno de todos los sentidos. Tentador ¿no?

La ruta de los 7 lagos se convirtió con el paso del tiempo en el recorrido por excelencia de los cicloturistas argentinos y extranjeros que quieren conocer nuestra hermosa Patagonia. Una perfecta combinación de paisajes de ensueño, infraestructura para recibir a los viajeros y la posibilidad de conocer a otros apasionados de la bici en el camino, convierten a este circuito patagónico en una opción muy tentadora para aquellos que recién se inician como así también para los más experimentados. Quizás la época más favorable para hacerlo sea el verano, por el clima agradable y la gran disponibilidad de servicios, pero no descartaría las otras estaciones para aquellos mas aventureros que se arriesgan a temperaturas más bajas e incluso la nieve.

El recorrido tradicional une las ciudades de Villa La Angostura con San Martin de los Andes ambas en la provincia de Neuquén. En mi caso, comencé en la vecina Rio Negro, mas precisamente en el aeropuerto de la ciudad de Bariloche. Desde allí y una vez en la rotonda de acceso de la ciudad, me desvié por la ruta 40 con destino a Dina Huapi. Un pequeño pueblito casi pegado a Bariloche, donde pude comprar provisiones antes de seguir camino, no sin antes realizar mi primer almuerzo en las costas del imponente Nahuel Huapi.

Rotonda de acceso a Bariloche.

Mi idea era llegar en esta primer etapa hasta Villa La Angostura, pero el agobiante calor de la jornada y el desnivel que aumentaba al final del recorrido, me obligaron a detenerme en un camping del brazo Huemul, cuando había recorrido algo más de 55km.

Al día siguiente y con energías renovadas emprendí la segunda etapa hasta la Villa, pasando por Puerto Manzano y el ingreso al cerro Bayo, una muy linda y arbolada zona residencial. Una vez en la ciudad y ya instalado, me dispuse a recorrer el hermoso centro y área comercial, previo paso obligado por la oficina de turismo. Me gusto tanto que decidí quedarme dos días, para poder conocer el Parque Nacional Los Arrayanes. Sin ninguna duda, este parque es de visita casi obligatoria para los cicloturistas, ya que se puede llegar pedaleando atravesando la península de Quetrihue y un espeso bosque patagónico. Al ingreso del Parque hay un lugar donde se pueden dejar las bicicletas para disfrutar de la caminata en las pasarelas que se adentran dentro del bosque de Arrayanes.

De nuevo en la ruta 40, en la etapa 3 recorrí el lago Correntoso y el rio homónimo, que ostenta el título de rio más corto del mundo, ya que en pocos metros conecta este lago con el Nahuel Huapi.  Mi siguiente parada fue en el lago Espejo, donde almorcé y aproveche para dormir una siesta en sus costas, luego de ese pequeño párate emprendí los 15 km que  faltaban para llegar al Lago Espejo Chico, donde pase la noche. Para llegar a este lago hay que desviarse unos kilómetros de la ruta por un camino de ripio, pero sus aguas templadas y de un turquesa profundo merecen el esfuerzo, sumado a esto esa tarde me brindo uno de los atardeceres mas lindos de mi vida.  Al día siguiente aproveche la mañana para degustar las exquisitas tortas fritas de la proveeduría y desayunar a orillas del rio Espejo Chico, sin desperdicio.

En la etapa 4 realice otro desvió al recorrido tradicional para conocer el hermoso pueblo de Villa Traful, que se encuentra a unos 30km de la ruta 40 y se accede a él por un camino de ripio en regular estado. Recomiendo detenerse a mitad de camino en Puerto Arrayan, donde se puede apreciar por primera vez el Lago Traful y sus hermosas costas.  El pequeño pueblito de Traful es un paraíso de esta parte de la Patagonia, en los momentos donde el lago esta calmo, el agua es tan transparente que las embarcaciones parecen flotar en un espejo perfecto.  En Villa Traful pueden encontrar almacenes y negocios para reaprovisionarse y hostel y camping para el descanso, también se pueden realizar excursiones, navegar sobre un bosque sumergido y degustar una excelente gastronomía. El mirador de los vientos es una de las paradas obligatorias de este lugar, desde donde podrán apreciar la magnitud de la naturaleza que lo rodea.  Me gusto tanto Traful que decidí quedarme un día mas, para poder conocer el circuito de las cascadas y disfrutar de este pintoresco pueblito.

La etapa 5 tenía como destino final el camping Pichi Traful, que también se encuentra por fuera de la ruta principal. Para llegar al mismo tuve que desviarme unos cuantos kilómetros por un camino de ripio. El lugar es muy cómodo y con hermosas vistas del lago y del cerro Falkner.

Al día siguiente la lluvia apareció por primera vez en el viaje, me quede un par de horas más en la carpa pero ante un panorama que no parecía cambiar decidí emprender la marcha de igual manera.  Neblina y una leve llovizna acompaño mí salida del Pichi Traful, llovizna que se fue acentuando cada vez más, convirtiéndose en tormenta al llegar al lago Falkner y Villarino. Si tuviera que describir la sensación del estar pedaleando bajo la lluvia en ese lugar, solo podría decir que me sentía inmensamente feliz. La lluvia me acompaño durante toda la etapa 6 hasta que llegue al lago Hermoso, ya en el Parque Nacional Lanin. Vale aclarar que mas allá de la adrenalina que sentí en toda la etapa, los últimos kilómetros se hicieron bastantes difíciles por el frio y un poco de viento que había empezado a soplar, pero nada que no se pueda solucionar con una buena ducha caliente al llegar al camping y un rico cafecito. Esa noche fue la más fría del viaje, con temperaturas bajo cero, un elemento clave por más que se viaje en verano, es la bolsa de dormir, para evitar pasar malos ratos.

Antes de emprender la última etapa, aproveche los kayaks que el camping tenía en alquiler para remar un buen rato por el lago. Feliz y con un sol radiante sobre mi rostro emprendí la séptima y última etapa del viaje,  que me depositaria en el ultimo lago, el Lacar y en la ciudad de San Martin de los Andes, el gran objetivo de la travesía.

Esta etapa fue de disfrute pleno, viví los últimos kilómetros del recorrido queriendo capturar cada una de las imágenes que llegaban a mi retina.  El Lago Machonico apareció detrás de un mirador como el ante último del recorrido, mas adelante llegue al “Arroyo partido” que se caracteriza por ser el único arroyo cuyas vertientes desembocan tanto en el océano Pacifico y el Atlántico. A unos 20 km de San Martín de los Andes hay un desvió de acceso al Cerro Chapelco y punto de inicio de un vertiginoso descenso de más de 15 kilómetros que nos permite dejar de pedalear por un buen rato y disfrutar de las hermosas panorámicas que nos brinda el Lago Lacar cuando aparece ante nuestros ojos. Imposible no emocionarse.

Lago Lacar y San Martin de los Andes.

Así recorrí los últimos kilómetros de esta travesía, con lagrimas en los ojos y el pecho lleno de orgullo por haber culminado este sueño hecho aventura.

Publicado por Silvio German Godoy Argiz

Profesor de historia, deportista, escritor y muchos etcéteras. -Cazador de sueños perdidos- Mí libro.

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