¿A qué sabe un adiós?

Un adiós sabe a la desesperanza de un hasta luego que ambos sabemos que no se cumplirá. Un adiós intenta maquillar las penas, ocultar los llantos, disimular los enojos; los tuyos y los míos.

Un adiós sabe a las gotas de pena que derrame cuando nos dimos ese último beso. Nunca supe que era el último, quizás lo gélido de tus labios fue un indicio.

Me consuelo en el malestar de mis ojos, en el vacío de los tuyos y en un cielo de desengaños. Intento mirar lo que eras, pero tu hoy es tan distinto, tan frió y tan mecánico que me asusta. Mis lágrimas escupen tus recuerdos, mientras que tu olvido sepulta mi sonrisa en un ataúd de silencios.

Las sabanas, heladas desde nuestra última vez, encierran fantasmas pasados y miedos que gritan en noches sin luna y en días cubiertos de sombras. Me refugio en mi lado de la cama dejándome caer en lo profundo de mi almohada, sin querer despegar mi aliento de la fina tela que la recubre. Me vuelvo caníbal sobre ella, intentando ahogar las palabras mudas que no me atrevo pronunciar en voz alta.

Son noches/días de un no llanto doloroso, de lágrimas atragantadas en la garganta y palabras que se escapan a través de los parpados. Son días/noches largos, donde la melancolía me abate.

Te extraño. Así de simple. Así de complejo.

El sol fue el sustantivo y verbo de nuestra historia. Una historia sin comienzo y sin final. Simplemente el ocaso de tu presencia llego a mis días  como el del sol tras cada horizonte.   Hoy vivo la desgracia de una noche sin promesas de amanecer.  Hoy soy dolor, soy lamento, soy angustia.  Soy una cama vacía que me muestra tu ausencia tras cada pestañeo.

Marco días en el almanaque, arranco semanas enteras y tiro meses de mi vida en un sucio basurero esperando el olvido. El tiempo me duele en el cuerpo. Solo quiero que deje de doler y que la herida se haga piel.

Sé que pasara, siempre pasa. Pero el mientras tanto me agobia, me hiere y golpea a sangre fría aprovechándose de mi guardia baja en cada round. Prefiero no defenderme,  me entrego a los fríos golpes del desamor, esperando quizás, que acaben conmigo de una buena vez. La victoria me es esquiva en estos duelos del ego.

Hoy me despido y te digo hasta nunca.

Hoy me despido y te digo adiós.

Publicado por Silvio German Godoy Argiz

Profesor de historia, deportista, escritor y muchos etcéteras. -Cazador de sueños perdidos- Mí libro.

Un comentario en “¿A qué sabe un adiós?

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