Cuarentena: DĂ­a 24.

Siempre hay una bendiciĂłn disfrazada de tragedia.

Dale Play al video antes de leer…

Suenan los Beatles, hace un buen rato que los escucho. Los escuchaba pero no los oía, hasta que una canción particularmente pegadiza me llamo la atención.  

“Here comes the sun,

And i say

It´s all right.”

Dice la primer estrofa. Mis limitados conocimientos de la lengua anglosajona no me dejaron apreciar por completo la poesĂ­a de esa estrofa. Me permito recurrir a google y parafrasearla en castellano:

Habla sobre la llegada del sol (un sol, no especifica cuál) y que todo estará bien en ese momento. Si seguimos escuchando un poco mas habla sobre un invierno largo que está llegando a su fin, un invierno oscuro, frío y solitario que está terminando. Todo con la llegada del sol cambia y las sonrisas vuelven a ocupar un lugar central en los rostros fríos de las personas.  Viene el sol, confía, ya viene. Siento su calor.

Justo hoy esta canciĂłn, esta frase.  La cuarentena se extiende y parece no tener fin.

Siempre habitamos cautivos de algo; la familia, la sexualidad, la sociedad, nuestros miedos o de nosotros mismos. Cautiverios distintos y variados, cautiverios que generalmente transitamos solos y que rara vez elegimos. Cautiverio que pocas veces disfrutamos. Hoy el tiempo y las circunstancias nos obligan e imponen un cautiverio diferente, en parte impuesto pero también elegido. Un cautiverio masivo. Estamos enjaulados en nuestra propia casa y  nos damos cuenta tarde (como siempre) de lo lindo que era volar cuando nos cortaron las alas.

Pero la canciĂłn repite una y otra vez, como queriendo grabar un mensaje subliminal;  El sol viene, el sol viene.

No sé si la letra es de Lennon o Mc cartney o quizás del menos reconocido Ringo, no viene al caso. Pero lo cierto es que en una poesía tan simple, el mensaje que encierra es profundo.

Amanecer en Uyuni.

Después del frío invierno el sol saldrá.

Hoy más que nunca lo debemos tener en cuenta.

«The smiles returning to the face,

Little darling«

Here comes the sun, The Beatles.

Cuarentena: DĂ­a 17

«Prefiero concentrarme en esta realidad simple, sin vueltas, sin filtros.» 

DĂ­a 17:

Mientras preparo mi desayuno por inercia prendo el televisor y casi con la misma velocidad, al darme cuenta, la apago.  No veo ni escucho noticias, me generan malestar y ponen de mal humor. La situaciĂłn actual del paĂ­s y del mundo no amerita para nada contadores virtuales de muertos e infectados las 24 horas del dĂ­a.  Los nĂşmeros se actualizan dĂ­a a dĂ­a con una frialdad y displicencia como si estuviĂ©semos contando cabezas de ganado. Presiento que muchas veces los medios sensacionalistas están esperando la tragedia de turno, la noticia más amarillista con el fin de poder tener un punto más de rating.  Y si, hoy es este puto virus hecho pandemia, algo  que los medios de comunicaciĂłn se encargan de maquillar con tintes apocalĂ­pticos y fatalistas más que la mera realidad.

Prefiero alejarme de ese mundo vaciĂł de sentido y sin ningĂşn fin.

Mientras bato mi cafĂ© miro por la ventana, una suave brisa mueve las ramas aun verdes del nogal del parque. El otoño se comienza a mostrar y el verdor del verano se matiza con los tonos marrones y grises caracterĂ­sticos de la estaciĂłn.  Salgo, me siento en el piso y bebo lentamente un sorbo de cafĂ©, aprovechando para calentar mis manos entrelazando los dedos en la taza.

El sol calienta mi cuerpo, esta alto, justo encima de mĂ­.  Un pájaro carpintero se acerca a tomar agua en el bebedero que tengo en el jardĂ­n, no se percata de mi presencia, o si, pero no me da importancia.  No tendrĂ­a por quĂ© temer, el puede volar alto, yo no puedo ir mas allá de la puerta de entrada.

Prefiero concentrarme en esta realidad simple, sin vueltas, sin filtros.  Sin ninguna pantalla de por medio ni cronista que la adornen, sin notas de “color”, sin grietas. Sin intereses más allá de la vida misma.

Mi café se enfrió en la taza. Deje pasar el tiempo (pensé), pero me corregí de inmediato, lo detuve, detuve el tiempo en ese preciso instante en el que me dejo de importar.

Cuarentena dĂ­a 7: «Microcuento de un amor que no fue».

El ruido de la lluvia sobre el techo me despierta más temprano de lo previsto, por la ventana se ve un cielo totalmente nublado y gruesas gotas que caen suavemente pero sin pausa.  Doy vueltas en la cama pero no puedo volver a dormir, me cuelgo mirando a travĂ©s del vidrio como la lluvia riega el jardĂ­n, la mañana está más frĂ­a de lo usual y no planeo salir de la cama por el momento.

Lo hago recién cuando el hambre empieza a hacerse presente. Camino en pantuflas y pijama en busca del mate y algo para picar, nada muy elaborado. Lo traigo a mi refugio de sabanas y frazadas. Aprovecho el viaje y traigo un libro de la biblioteca, una linda cubierta me llama la atención, cuando lo tomo me alegra saber que es 20.000 leguas de viaje submarino. Hace tiempo tenía ganas de leer las aventuras del Capitán Nemo, uno de los pocos clásicos de Verne que quedaban pendientes en mí lista.

Una vez instalado en la cama, me dispongo a preparar el mate con la misma dedicaciĂłn de siempre.  Tomo mi mate uruguayo, recuerdo de un lindo paso que tuve por Montevideo hace algunos años, lleno tres cuartas partes del mismo con yerma, lo agito tapándolo con mi mano derecha para sacar el exceso de polvillo, lo inclino en el ángulo correcto y coloco la bombilla. Muy delicadamente y sobre el friĂł cuerpo de metal arrojo el primer chorrito de agua, con mucho cuidado para no mojar toda la yerba y terminar lavando el mate tras unas pocas cebadas. 

Luego de esta sagrada costumbre al fin tomo el libro en mis manos y me dispongo a leer. TodavĂ­a llueve, ahora un poco más fuerte. Tomo el primer mate. ÂżExiste algo mejor que el olor a libro? Creo que no.  Al abrirlo una vieja foto se desliza entre sus páginas. Es una foto en blanco y negro, algo rota en sus bordes y deteriorada por el paso de los años, en ella puedo ver la figura de hombre joven, de entre 20 y 30 años creo.

Por detrás de la misma y con una letra algo desprolija, dice:

“Con todo mi amor y afecto, para Norma.  Daniel”

Quien es Norma y Daniel no tengo la menor idea, son dos totalmente desconocidos para mĂ­. Y como llego esa foto al libro y a la biblioteca de mi abuela mucho menos. Me quedo pensando un buen rato y el libro se pierde entre las sabanas. Siempre me gusto recrear historias en mi mente, ficciones o no tanto, como dice el prologo de mi primer libro, pero historias en fin y la supuesta historia de Norma y Daniel me atrapo de sobremanera.

Microcuento de un amor que no fue.

Daniel tiene la mirada dura y modales toscos. Creció en el campo, qué culpa tiene el de no haber podido dedicar horas de trabajo a su buena educación. De cuerpo esbelto y musculoso con un tupido bigote que adorna su rostro, viste generalmente ropa de trabajo, un jean algo sucio y una camisa desprendida hasta el pecho.

Norma es delicada y fina, trabaja como secretaria en un estudio jurídico al que aspira ingresar una vez que se reciba de abogada. Una cabellera castaña y ondulada enmarca un rostro casi angelical de ojos color miel. Viste a la moda pero su vida no gira en torno a ello, no es para nada superficial.

En unas vacaciones, Nora conociĂł a Daniel. El trabajaba en la casa que alquilo su familia. Como siempre, aquello tan distinto a lo que acostumbraba le llamo la atenciĂłn. Daniel tambiĂ©n se vio atraĂ­do hacia ella, era imposible no hacerlo, cualquier hombre en su sano juicio hubiera respondido ante los encantos de Nora. 

Varias noches y sin conocerse prácticamente se dejaron llevar por la pasión y los deseos mas carnales. No eran Daniel y Nora, sino dos simples cuerpos. No eran una casi abogada y un simple peón, solo dos jóvenes amantes. Los días pasaron, seguían sin conocerse, pero amándose en secreto. Hasta que el día de la despedida llego. Nora regreso a su vida normal, fiestas universitarias, partidos de hockey los fines de semana y su noviazgo con Germán

Daniel no pudo volver nunca a su vida normal. No había normalidad después de Nora. En un arrebato guiado por su más sincero sentimiento le envió una foto con una simple dedicatoria escrita con su rustico puño y letra; “Para Nora, con todo mi amor y afecto. Daniel”. Él estaba enamorado. Quizás aún lo está . Daniel esperaba una respuesta.

Nora recibiĂł la foto. Ella nunca la respondiĂł.

Luego de dar vida a estos dos personajes me siento más satisfecho, la historia, al menos en mi mente no quedo inconclusa. Vuelvo a la cocina a calentar el agua para el mate, estaba helada, mientras espero que el fuego haga su trabajo miro por la venta como la suave lluvia dio paso a una fuerte tormenta. Sonrió mientras camino hacia el cuarto nuevamente, tomo ahora si el libro entre mis manos y pienso…. Pobre Daniel, quien lo iba a decir.

La cuarentena hace bien a mi escritura.

Cuarentena. DĂ­a 12.

Nostalgia en castellano, morriña en gallego, saudade en portuguĂ©s y seguramente ustedes conocerán un sin nĂşmero de expresiones que hacen referencia a esa sensaciĂłn tan particular que invade nuestros corazones en estos momentos tan particulares.  Acciones simples, antes cotidianas, de lo más comĂşn en nuestra rutina diaria, hoy las extrañamos y anhelamos como el evento más especial.

En mi caso particular, esta nostalgia se representa en los desayunos de domingo por la mañana. Donde buceaba por una ciudad que todavía dormía, buscando un bar aun desconocido para mí. Me sentaba en alguna mesa solitaria y disfrutaba de un café junto al libro del momento. ¿Que mas necesitaba?  Si, lo recuerdo. Caminar luego del desayuno por el parque, el sol calentando mi piel y mis pasos moviéndose al compas de algún tango que suena en mis auriculares. Paso a paso siento deslizarme en ese mediodía de domingo en mi memoria, percibo el fresco olor a césped recién cortado, es primavera y esta más verde que nunca. No puedo resistirme y acepto su invitación. Me recuesto mirando el cielo, las nubes se entrelazan dejándose empujar por un viento caprichoso en las alturas pero que al ras del piso solo se traduce en una suave brisa. Mi nostalgia la siento a través del olfato, del tacto y de la vista.

Cierro los ojos y me siento ahí, ese domingo cualquiera de primavera, donde el sol calienta y el césped es verde. Al abrirlos caigo de nuevo en la realidad, son cerca de las 00.00 de la noche, las gotas de lluvia golpean en la ventana y un otoño distinto acaba de comenzar.

Uniendo Valles. Cicloturismo por las sierras de CĂłrdoba. Parte II

Etapa: 3, 4 y 5 :  “Pedaleando entre las nubes hacia los llanos riojanos”

El cruce de las sierras grandes por su extremo norte, implicaba en este viaje no solo un desafío físico sino también emocional, ya que realizaría el mismo en solitario, en casi total auto subsistencia.

Luego de las dos etapas descritas en el post anterior https://efimeramentemortales.art.blog/2020/03/05/uniendo-valles-cicloturismo-por-las-sierras-de-cordoba/, ahora restaba atravesar la amplia pampa de altura caracterĂ­stica de nuestras serranĂ­as, para luego comenzar el ansiado descenso.

Rozando los cerros a baja altura, las nubes pintaban la mañana de gris y daban una frescura al ambiente que se agradecía después de los días previos de intenso calor. A diferencia de las etapas pasadas, pocos eran los vehículos que transitaban esta parte del camino. Soledad y silencio serán los dos adjetivos que utilizare para describir esta parte del viaje. En muchos momentos me encontré pedaleando en una total abstracción, sin pensar en nada ni en nadie, solo concentrado en avanzar, observando el abrupto horizonte al que me dirigía sin realizar ningún tipo de juicio. El viento rosaba mi rostro y silbaba entre las quebradas, la soledad era total.  Me encontraba en el medio de la nada, o mejor dicho DE TODO. La naturaleza plena se presentaba ante mí y yo sin desafiarla, pero sin temerle, con respeto y decisión avanzaba.  La soberbia magnitud del paisaje me mostraba también lo frágil e insignificante que es nuestra especie, pero también lo tenaces y perseverantes que podemos ser.

Al llegar al paraje de Cuchilla Nevada, las bajadas comenzaron a ser más frecuentes, pero intercaladas con duras subidas. Los ríos Guampa y San Guillermo se presentaban como oasis que permitían refrescarse a sus orillas y reponer energías.  

Luego de unos 40 km de pedaleo, llegue al pequeño pueblo de San Jerónimo, inicio de una vertiginoso y divertido descenso que atravesando Tala Cañada y Taninga me deposito en Salsacate, ciudad donde descansaría esa noche. Al día siguiente me esperaba el famoso camino de los túneles.

A 35 km de Salsacate inicia el camino de los túneles, una imponente obra de ingeniería construida a principios de la década de 1930 con el fin de agilizar la comunicación  con la región de cuyo.  Tras los primeros kilómetros pude comprobar que el pronóstico de lluvia se hacía cada vez más factible, una tormenta considerable se comenzaba  a formar a mi derecha y avanzaba rápidamente sobre los volcanes de Pocho.  A los pocos kilómetros la tormenta se hizo presente en su totalidad, obligándome a hacer un párate momentáneo en la localidad de las palmas. 

Volcanes de Pocho.

Luego de media hora de una lluvia intensa continúe viaje. El camino inicio una subida constante que tuvo como punto final el filo de las sierras, que aun permanecían envueltas por un manto blanco de nubes. 

Al llegar a la cima y comenzar el descenso hacia los túneles, la naturaleza me dio un nuevo golpe de humanidad, mostrándome paisajes que escapaban por mucho a lo que me podría haber imaginado.  Por cinco días lo único que tuve delante de mis ojos fueron montañas y  en ese momento se abrieron antes mis ojos los inmensos llanos riojanos, una extensión sin fin de tierra que parecía perderse en el horizonte.  

Luego del ingreso al primer tĂşnel el camino serpentea en un descenso vertiginoso e ideal para soltar un poco los frenos y disfrutar de la adrenalina que el mismo genera. Las curvas se suceden una tras otra, siendo muchas paradas casi obligatorias para las fotos de rigor. Una vez abajo y dejando las sierras a mis espaldas una recta que parece infinita me deposita en el paraje del cadillo, punto de desviĂł hacia la ruta provincial 51 y la Reserva provincial Chancani, que serĂ­a mi lugar de descanso esa noche.

Ingreso a la Reserva Provincial Chancani.

La reserva provincial ofrece camping libre sin costo para sus visitantes y la posibilidad de realizar caminatas por los diversos circuitos dentro del parque. Pero desde mi punto de vista los atractivos más destacados que ofrece son el contacto directo con la flora y fauna de la región y unos de los atardeceres y amaneceres más lindos que pude ver.

La lluvia del día siguiente me hizo imposible continuar ruta, así que luego de un descanso obligado emprendí el último tramo de 70 km hasta Villa Dolores y La Paz. Luego de atravesar el pueblo de Chancani, la RP51 inicia una recta con leves curvas y casi llana que corre paralela al cordón serrano y se adentra dentro del bosque chaqueño occidental.  El paisaje es un tanto más monótono que los anteriores pero no puedo negar que tiene su encanto. Como dicen, la belleza radica en los ojos de quien la sabe ver.  Luego de poco más de cinco horas de pedaleo llegue a la ciudad de Villa Dolores, que fue el punto de descanso donde repuse energías antes de emprender el último tramo hasta La Paz, en el extremo sur del departamento San Javier, punto final de este viaje.

«Sabiduría no es lo mismo que conocimiento y no saber lo que vamos a hacer no significa que no estemos haciendo lo correcto. En ocasiones, nuestros propósitos pueden estar mejor servidos cuando no los conocemos.»

Uniendo Valles. Cicloturismo por las sierras de CĂłrdoba.

El objetivo de esta travesía en bicicleta fue unir dos puntos emblemáticos en mi vida actual, la ciudad de Córdoba, en la cual resido y mi pueblo natal de La Paz, en el valle de traslasierra.

Primera Parte.

Etapa 1 y 2: «Entre el gigante dormido y las aguas cristalinas del Yuspe»

Este viaje, como todos, empezó algunos meses atrás en mi cabeza, lo visualice y tiempo después estaba dando la primer pedaleada a las afueras de la ciudad de Tanti. El camino elegido para la travesía fue la vieja Ruta Nacional 28, antigua arteria principal en la comunicación entre la provincia mediterránea y la región de cuyo, principalmente la provincia de La Rioja.  La misma atraviesa el imponente macizo de los gigantes (alcanzando los casi 2000 metros sobre el nivel del mar) y la Reserva Hídrica Provincial, para adentrarse luego entre los volcanes de Pocho y desembocar tras un frenético descenso, por el camino de los Túneles, en los infinitos llanos riojanos.

La etapa 1 comenzó con una trepada de 30km que rápidamente se encargo de poner a mi ego en su lugar y darme una buena dosis de humildad. El calor era agobiante y tras pasar la hermosa villa veraniega de El Durazno, el cansancio se empezó a hacer notar. A los 10 km de Tanti se encuentra el acceso a la Reserva Cerro Blanco y a los 15 km la Reserva Naturista Yatan Rumi. Si bien la subida es constante y casi sin descansos, el esfuerzo no me impidió dar vuelta la cabeza y poder apreciar el imponente paisaje que estaba dejando a mis espaldas. El valle de Punilla, las ciudades de Tanti, Carlos Paz y el Lago San Roque, acompañaron mi pedaleo por varios kilómetros.  A las orillas del camino pude apreciar varios rebaños de ovejas, tropillas de caballos y hasta llamas pastoreando en los pastizales de altura que ofrecen nuestras sierras.

Luego de 35km,  poco más de 4,30 horas de pedaleo y unos dolorosos calambres llegue al parador La Rotonda, uno de los puntos de acceso a Los Gigantes. El mismo ofrece camping, alojamiento y servicio gastronómico. El camping fue mi elección. La cena fue al lado de un arroyo, con vistas al macizo e iluminado por la combinación de un cielo cubierto de estrellas y un sinfín de luciérnagas que titilaban sin cesar. Creo que no podría haber elegido mejor locación para pasar la primer noche del viaje.

El agradecimiento fue una constante a lo largo de este viaje, a la vida, al universo o a Dios, si asĂ­ lo quieren llamar. Agradecimiento por poder estar pedaleando en estos lugares maravillosos y disfrutar del contacto tan pleno con la naturaleza.

Luego de la primer noche en carpa, un fuerte viento me despertó por la mañana, pero no fue impedimento para realizar el treking hasta el rio subterráneo. Luego de un desayuno potente emprendí la caminata de casi dos horas por las laderas de macizo. A medida que subía por sus cuestas, vistas sorprendentes se formaban ante mis ojos. Cada paso vale la pena por un circuito que no deja de maravillar tras cada pestañeo, totalmente recomendable. 

Al descender nuevamente al refugio el premio fueron unas exquisitas empanadas caseras, elaboradas por la misma dueña del establecimiento, un mimo al paladar.  Luego de tan gustoso almuerzo, continúe con mi travesía, ahora con rumbo al Rio Yuspe, tramo corto de solo 7 kilómetros.

Ante el pronóstico de lluvia de los días subsiguientes, era una parada casi obligatoria para disfrutar de sus aguas calmas y trasparentes.  La noche me encontró a orillas de este hermoso rio de montaña, viendo la puesta del sol tras las cumbres mientras se avecinaba una tormenta a lo lejos, tormenta que escuche durmiendo plácidamente en los dormís del parador Rio Yuspe.

Cazador de sueños perdidos.

El espacio que se encuentra entre la nada y el todo es su lugar. Se mueve con facilidad entre los hechos y la inercia, entre los deseos y los miedos. Se alimenta del ego, la pasiĂłn y la esperanza.

El cazador de sueños perdidos está ahí, dentro tuyo, dentro mío. Devorando día a día la ilusión, la quimera ideal que se crea entre el puedo y el no puedo.

Que comience el juego.

ÂżQuien soy? pregunta difĂ­cil de responder en un breve post, espero que lo puedan ir descubriendo con el tiempo.

¿Que hago acá? o mejor dicho ¿que busco hacer? la respuesta a ese interrogante es un poco mas simple; escribir, escribir y escribir.

Reflexiones, pensamientos y viajes serán temas recurrentes en cazador de sueños perdidos. Un espacio destinado a dejar fluir lo mas profundo de mi ser, un espacio de intercambio, un espacio de aprendizaje mutuo entre ustedes y yo. Un espacio de crecimiento.

Bienvenidos a este viaje.

Gracias por acompañarme.

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