Siempre hay una bendiciĂłn disfrazada de tragedia.
Dale Play al video antes de leer…
Suenan los Beatles, hace un buen rato que los escucho. Los escuchaba pero no los oĂa, hasta que una canciĂłn particularmente pegadiza me llamo la atenciĂłn. Â
“Here comes the sun,
And i say
It´sall right.”
Dice la primer estrofa. Mis limitados conocimientos de la lengua anglosajona no me dejaron apreciar por completo la poesĂa de esa estrofa. Me permito recurrir a google y parafrasearla en castellano:
Habla sobre la llegada del sol (un sol, no especifica cuál) y que todo estará bien en ese momento. Si seguimos escuchando un poco mas habla sobre un invierno largo que está llegando a su fin, un invierno oscuro, frĂo y solitario que está terminando. Todo con la llegada del sol cambia y las sonrisas vuelven a ocupar un lugar central en los rostros frĂos de las personas. Viene el sol, confĂa, ya viene. Siento su calor.
Justo hoy esta canciĂłn, esta frase. La cuarentena se extiende y parece no tener fin.
Prefiero concentrarme en esta realidad simple, sin vueltas, sin filtros. Sin ninguna pantalla de por medio ni cronista que la adornen, sin notas de “color”, sin grietas. Sin intereses más allá de la vida misma.
Una vez instalado en la cama, me dispongo a preparar el mate con la misma dedicación de siempre. Tomo mi mate uruguayo, recuerdo de un lindo paso que tuve por Montevideo hace algunos años, lleno tres cuartas partes del mismo con yerma, lo agito tapándolo con mi mano derecha para sacar el exceso de polvillo, lo inclino en el ángulo correcto y coloco la bombilla. Muy delicadamente y sobre el frió cuerpo de metal arrojo el primer chorrito de agua, con mucho cuidado para no mojar toda la yerba y terminar lavando el mate tras unas pocas cebadas.
Luego de esta sagrada costumbre al fin tomo el libro en mis manos y me dispongo a leer. TodavĂa llueve, ahora un poco más fuerte. Tomo el primer mate. ÂżExiste algo mejor que el olor a libro? Creo que no. Al abrirlo una vieja foto se desliza entre sus páginas. Es una foto en blanco y negro, algo rota en sus bordes y deteriorada por el paso de los años, en ella puedo ver la figura de hombre joven, de entre 20 y 30 años creo.
Por detrás de la misma y con una letra algo desprolija, dice:
“Con todo mi amor y afecto, para Norma. Daniel”
Quien es Norma y Daniel no tengo la menor idea, son dos totalmente desconocidos para mĂ. Y como llego esa foto al libro y a la biblioteca de mi abuela mucho menos. Me quedo pensando un buen rato y el libro se pierde entre las sabanas. Siempre me gusto recrear historias en mi mente, ficciones o no tanto, como dice el prologo de mi primer libro, pero historias en fin y la supuesta historia de Norma y Daniel me atrapo de sobremanera.
Norma es delicada y fina, trabaja como secretaria en un estudio jurĂdico al que aspira ingresar una vez que se reciba de abogada. Una cabellera castaña y ondulada enmarca un rostro casi angelical de ojos color miel. Viste a la moda pero su vida no gira en torno a ello, no es para nada superficial.
Varias noches y sin conocerse prácticamente se dejaron llevar por la pasiĂłn y los deseos mas carnales. No eran Daniel y Nora, sino dos simples cuerpos. No eran una casi abogada y un simple peĂłn, solo dos jĂłvenes amantes. Los dĂas pasaron, seguĂan sin conocerse, pero amándose en secreto. Hasta que el dĂa de la despedida llego. Nora regreso a su vida normal, fiestas universitarias, partidos de hockey los fines de semana y su noviazgo con Germán.
Luego de dar vida a estos dos personajes me siento más satisfecho, la historia, al menos en mi mente no quedo inconclusa. Vuelvo a la cocina a calentar el agua para el mate, estaba helada, mientras espero que el fuego haga su trabajo miro por la venta como la suave lluvia dio paso a una fuerte tormenta. Sonrió mientras camino hacia el cuarto nuevamente, tomo ahora si el libro entre mis manos y pienso…. Pobre Daniel, quien lo iba a decir.
Al llegar al paraje de Cuchilla Nevada, las bajadas comenzaron a ser más frecuentes, pero intercaladas con duras subidas. Los rĂos Guampa y San Guillermo se presentaban como oasis que permitĂan refrescarse a sus orillas y reponer energĂas. Â
Luego de unos 40 km de pedaleo, llegue al pequeño pueblo de San JerĂłnimo, inicio de una vertiginoso y divertido descenso que atravesando Tala Cañada y Taninga me deposito en Salsacate, ciudad donde descansarĂa esa noche. Al dĂa siguiente me esperaba el famoso camino de los tĂşneles.
Luego de media hora de una lluvia intensa continĂşe viaje. El camino inicio una subida constante que tuvo como punto final el filo de las sierras, que aun permanecĂan envueltas por un manto blanco de nubes.Â
Al llegar a la cima y comenzar el descenso hacia los tĂşneles, la naturaleza me dio un nuevo golpe de humanidad, mostrándome paisajes que escapaban por mucho a lo que me podrĂa haber imaginado. Por cinco dĂas lo Ăşnico que tuve delante de mis ojos fueron montañas y en ese momento se abrieron antes mis ojos los inmensos llanos riojanos, una extensiĂłn sin fin de tierra que parecĂa perderse en el horizonte. Â
Luego del ingreso al primer tĂşnel el camino serpentea en un descenso vertiginoso e ideal para soltar un poco los frenos y disfrutar de la adrenalina que el mismo genera. Las curvas se suceden una tras otra, siendo muchas paradas casi obligatorias para las fotos de rigor. Una vez abajo y dejando las sierras a mis espaldas una recta que parece infinita me deposita en el paraje del cadillo, punto de desviĂł hacia la ruta provincial 51 y la Reserva provincial Chancani, que serĂa mi lugar de descanso esa noche.
Ingreso a la Reserva Provincial Chancani.
La reserva provincial ofrece camping libre sin costo para sus visitantes y la posibilidad de realizar caminatas por los diversos circuitos dentro del parque. Pero desde mi punto de vista los atractivos más destacados que ofrece son el contacto directo con la flora y fauna de la región y unos de los atardeceres y amaneceres más lindos que pude ver.
La lluvia del dĂa siguiente me hizo imposible continuar ruta, asĂ que luego de un descanso obligado emprendĂ el Ăşltimo tramo de 70 km hasta Villa Dolores y La Paz. Luego de atravesar el pueblo de Chancani, la RP51 inicia una recta con leves curvas y casi llana que corre paralela al cordĂłn serrano y se adentra dentro del bosque chaqueño occidental. El paisaje es un tanto más monĂłtono que los anteriores pero no puedo negar que tiene su encanto. Como dicen, la belleza radica en los ojos de quien la sabe ver.  Luego de poco más de cinco horas de pedaleo llegue a la ciudad de Villa Dolores, que fue el punto de descanso donde repuse energĂas antes de emprender el Ăşltimo tramo hasta La Paz, en el extremo sur del departamento San Javier, punto final de este viaje.
«SabidurĂa no es lo mismo que conocimiento y no saber lo que vamos a hacer no significa que no estemos haciendo lo correcto. En ocasiones, nuestros propĂłsitos pueden estar mejor servidos cuando no los conocemos.»
El objetivo de esta travesĂa en bicicleta fue unir dos puntos emblemáticos en mi vida actual, la ciudad de CĂłrdoba, en la cual resido y mi pueblo natal de La Paz, en el valle de traslasierra.
Primera Parte.
Etapa 1 y 2: «Entre el gigante dormido y las aguas cristalinas del Yuspe»
La etapa 1 comenzó con una trepada de 30km que rápidamente se encargo de poner a mi ego en su lugar y darme una buena dosis de humildad. El calor era agobiante y tras pasar la hermosa villa veraniega de El Durazno, el cansancio se empezó a hacer notar. A los 10 km de Tanti se encuentra el acceso a la Reserva Cerro Blanco y a los 15 km la Reserva Naturista Yatan Rumi. Si bien la subida es constante y casi sin descansos, el esfuerzo no me impidió dar vuelta la cabeza y poder apreciar el imponente paisaje que estaba dejando a mis espaldas. El valle de Punilla, las ciudades de Tanti, Carlos Paz y el Lago San Roque, acompañaron mi pedaleo por varios kilómetros. A las orillas del camino pude apreciar varios rebaños de ovejas, tropillas de caballos y hasta llamas pastoreando en los pastizales de altura que ofrecen nuestras sierras.
El agradecimiento fue una constante a lo largo de este viaje, a la vida, al universo o a Dios, si asĂ lo quieren llamar. Agradecimiento por poder estar pedaleando en estos lugares maravillosos y disfrutar del contacto tan pleno con la naturaleza.
Luego de la primer noche en carpa, un fuerte viento me despertĂł por la mañana, pero no fue impedimento para realizar el treking hasta el rio subterráneo. Luego de un desayuno potente emprendĂ la caminata de casi dos horas por las laderas de macizo. A medida que subĂa por sus cuestas, vistas sorprendentes se formaban ante mis ojos. Cada paso vale la pena por un circuito que no deja de maravillar tras cada pestañeo, totalmente recomendable.Â
Al descender nuevamente al refugio el premio fueron unas exquisitas empanadas caseras, elaboradas por la misma dueña del establecimiento, un mimo al paladar. Luego de tan gustoso almuerzo, continĂşe con mi travesĂa, ahora con rumbo al Rio Yuspe, tramo corto de solo 7 kilĂłmetros.
Ante el pronĂłstico de lluvia de los dĂas subsiguientes, era una parada casi obligatoria para disfrutar de sus aguas calmas y trasparentes.  La noche me encontrĂł a orillas de este hermoso rio de montaña, viendo la puesta del sol tras las cumbres mientras se avecinaba una tormenta a lo lejos, tormenta que escuche durmiendo plácidamente en los dormĂs del parador Rio Yuspe.
El espacio que se encuentra entre la nada y el todo es su lugar. Se mueve con facilidad entre los hechos y la inercia, entre los deseos y los miedos. Se alimenta del ego, la pasiĂłn y la esperanza.
El cazador de sueños perdidos está ahĂ, dentro tuyo, dentro mĂo. Devorando dĂa a dĂa la ilusiĂłn, la quimera ideal que se crea entre el puedo y el no puedo.
ÂżQuien soy? pregunta difĂcil de responder en un breve post, espero que lo puedan ir descubriendo con el tiempo.
¿Que hago acá? o mejor dicho ¿que busco hacer? la respuesta a ese interrogante es un poco mas simple; escribir, escribir y escribir.
Reflexiones, pensamientos y viajes serán temas recurrentes en cazador de sueños perdidos. Un espacio destinado a dejar fluir lo mas profundo de mi ser, un espacio de intercambio, un espacio de aprendizaje mutuo entre ustedes y yo. Un espacio de crecimiento.