Cuarentena día 7: «Microcuento de un amor que no fue».

El ruido de la lluvia sobre el techo me despierta más temprano de lo previsto, por la ventana se ve un cielo totalmente nublado y gruesas gotas que caen suavemente pero sin pausa.  Doy vueltas en la cama pero no puedo volver a dormir, me cuelgo mirando a través del vidrio como la lluvia riega el jardín, la mañana está más fría de lo usual y no planeo salir de la cama por el momento.

Lo hago recién cuando el hambre empieza a hacerse presente. Camino en pantuflas y pijama en busca del mate y algo para picar, nada muy elaborado. Lo traigo a mi refugio de sabanas y frazadas. Aprovecho el viaje y traigo un libro de la biblioteca, una linda cubierta me llama la atención, cuando lo tomo me alegra saber que es 20.000 leguas de viaje submarino. Hace tiempo tenía ganas de leer las aventuras del Capitán Nemo, uno de los pocos clásicos de Verne que quedaban pendientes en mí lista.

Una vez instalado en la cama, me dispongo a preparar el mate con la misma dedicación de siempre.  Tomo mi mate uruguayo, recuerdo de un lindo paso que tuve por Montevideo hace algunos años, lleno tres cuartas partes del mismo con yerma, lo agito tapándolo con mi mano derecha para sacar el exceso de polvillo, lo inclino en el ángulo correcto y coloco la bombilla. Muy delicadamente y sobre el frió cuerpo de metal arrojo el primer chorrito de agua, con mucho cuidado para no mojar toda la yerba y terminar lavando el mate tras unas pocas cebadas. 

Luego de esta sagrada costumbre al fin tomo el libro en mis manos y me dispongo a leer. Todavía llueve, ahora un poco más fuerte. Tomo el primer mate. ¿Existe algo mejor que el olor a libro? Creo que no.  Al abrirlo una vieja foto se desliza entre sus páginas. Es una foto en blanco y negro, algo rota en sus bordes y deteriorada por el paso de los años, en ella puedo ver la figura de hombre joven, de entre 20 y 30 años creo.

Por detrás de la misma y con una letra algo desprolija, dice:

Con todo mi amor y afecto, para Norma.  Daniel”

Quien es Norma y Daniel no tengo la menor idea, son dos totalmente desconocidos para mí. Y como llego esa foto al libro y a la biblioteca de mi abuela mucho menos. Me quedo pensando un buen rato y el libro se pierde entre las sabanas. Siempre me gusto recrear historias en mi mente, ficciones o no tanto, como dice el prologo de mi primer libro, pero historias en fin y la supuesta historia de Norma y Daniel me atrapo de sobremanera.

Microcuento de un amor que no fue.

Daniel tiene la mirada dura y modales toscos. Creció en el campo, qué culpa tiene el de no haber podido dedicar horas de trabajo a su buena educación. De cuerpo esbelto y musculoso con un tupido bigote que adorna su rostro, viste generalmente ropa de trabajo, un jean algo sucio y una camisa desprendida hasta el pecho.

Norma es delicada y fina, trabaja como secretaria en un estudio jurídico al que aspira ingresar una vez que se reciba de abogada. Una cabellera castaña y ondulada enmarca un rostro casi angelical de ojos color miel. Viste a la moda pero su vida no gira en torno a ello, no es para nada superficial.

En unas vacaciones, Nora conoció a Daniel. El trabajaba en la casa que alquilo su familia. Como siempre, aquello tan distinto a lo que acostumbraba le llamo la atención. Daniel también se vio atraído hacia ella, era imposible no hacerlo, cualquier hombre en su sano juicio hubiera respondido ante los encantos de Nora. 

Varias noches y sin conocerse prácticamente se dejaron llevar por la pasión y los deseos mas carnales. No eran Daniel y Nora, sino dos simples cuerpos. No eran una casi abogada y un simple peón, solo dos jóvenes amantes. Los días pasaron, seguían sin conocerse, pero amándose en secreto. Hasta que el día de la despedida llego. Nora regreso a su vida normal, fiestas universitarias, partidos de hockey los fines de semana y su noviazgo con Germán

Daniel no pudo volver nunca a su vida normal. No había normalidad después de Nora. En un arrebato guiado por su más sincero sentimiento le envió una foto con una simple dedicatoria escrita con su rustico puño y letra; “Para Nora, con todo mi amor y afecto. Daniel”. Él estaba enamorado. Quizás aún lo está . Daniel esperaba una respuesta.

Nora recibió la foto. Ella nunca la respondió.

Luego de dar vida a estos dos personajes me siento más satisfecho, la historia, al menos en mi mente no quedo inconclusa. Vuelvo a la cocina a calentar el agua para el mate, estaba helada, mientras espero que el fuego haga su trabajo miro por la venta como la suave lluvia dio paso a una fuerte tormenta. Sonrió mientras camino hacia el cuarto nuevamente, tomo ahora si el libro entre mis manos y pienso…. Pobre Daniel, quien lo iba a decir.

La cuarentena hace bien a mi escritura.

Publicado por Silvio German Godoy Argiz

Profesor de historia, deportista, escritor y muchos etcéteras. -Cazador de sueños perdidos- Mí libro.

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