Cuarentena día 34: “La sfarffallatura».

“La sfarffallatura, es la liberación de la mariposa cuando se echa a volar. El paso de larva a mariposa es un proceso delicadísimo y solo se completa con éxito si se dan las condiciones optimas de luz, temperatura, tiempo, tranquilidad y reposo.”

Interesante, ¿no?

Hoy cuarto domingo de cuarentena me encontré descubriendo esta palabra hasta ahora desconocida para mí, mientras leía en el jardín de casa. El sol de otoño invitaba a desayunar afuera.  Mientras la manteca se fundía sobre la tostada tibia y el café con leche humeaba en un gran tazón, mis ojos le prestaban particular atención a este párrafo. Lejos de ser un libro de biología, esta novela histórica distaba mucho de buscar explicaciones científicas al desarrollo germinal de una larva.

No proseguí con la lectura, habría tiempo después para continuarla, los domingos son largos en cuarentena, como todos los días.  Mientras soplaba mi café intentando sin resultados enfriarlo, pensaba en esa palabra: sfarffallatura.

¿Existirá quizás un proceso similar en la vida humana? Me pregunto de manera filosofal mientras miro concentrado el infinito verde del parque.

Madures, es la primera palabra que se me viene a la cabeza. Pero es muy relativa, algunos la alcanzan antes, otros de forma más tardía y otros nunca llegan. Para algunos la madures se da por cambios físicos, para otros por aspectos más psicológicos. Y si nos ponemos a hilar fino, nadie puede establecer un significado estricto de madures, sin caer de manera arbitraria en un falso intento de objetividad.

En cambio las mariposas pasan por este mágico proceso de transformación, de un ser rechazado y hasta desagradable por su aspecto, de movimientos torpes y toscos y sin ninguna gracia, a uno de los insectos mas maravillosamente bellos del planeta. De alas vistosas y coloridas, capaz de realizar sutiles y ágiles movimientos en el aire.

Sigo con otra tostada, ahora con un poco de miel. Ya son varias, no llevo la cuenta.

Es un proceso frágil, muy delicado, que depende de una serie de factores externos como la temperatura, humedad y hasta la quietud del ambiente para poder ser exitoso. Un proceso propio y exclusivo de la larva, interno y sutil, pero que sin el afuera resulta imposible. Un equilibrio cuasi perfecto de dos mundos, a veces tiranos entre sí pero en otros capaces de realizar milagros en conjunto.

Quizás este ahora, este presente que estamos viviendo, este hoy tan tirano y que tanto nos duele, vino para que llevemos a cabo nuestra propia  sfarffallatura. Este proceso interno del que carecemos, este cambio radical, la transformación lenta, sutil, y mágica en un ser capaz de dejar el suelo y comenzar a volar. La calma es ley en el ambiente, el tiempo parece haberse detenido hace casi una treintena de días y el otoño tiñe de calma con sus hojas amarillentas cada rincón del paisaje.

Las condiciones están, el afuera, lo externo. Ahora resta saber si cada uno de nosotros está preparado para iniciar este viaje hacia nosotros mismos, hacia nuestro yo más intimo, dejar salir nuestras alas y comenzar a volar.

«Tengo que aprender a volar entre tanta gente de pie»
Luis Alberto Spinetta.

Publicado por Silvio German Godoy Argiz

Profesor de historia, deportista, escritor y muchos etcéteras. -Cazador de sueños perdidos- Mí libro.

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